En este Día Mundial de la Seguridad del Paciente, rendimos homenaje a los profesionales sanitarios que han afrontado enormes desafíos y grandes riesgos para mantener seguros a los pacientes —y a sí mismos— durante esta crisis mundial de salud pública.  También destacamos el importante papel de las intervenciones nutricionales adecuadas a lo largo del continuo asistencial para mejorar la seguridad y los resultados de los pacientes.

La actual crisis mundial de salud pública de la COVID-19 ha puesto aún más de relieve la vulnerabilidad de los pacientes y el papel fundamental que desempeñan los profesionales sanitarios en la protección de su salud, especialmente cuando nuestros sistemas sanitarios y sus trabajadores se ven obligados a tratar de forma segura una gran afluencia de pacientes.

Durante esta pandemia, los alimentos para regímenes especiales (FSDU) han sido una necesidad crítica para satisfacer los requisitos nutricionales de quienes los necesitan y, para los pacientes graves de COVID-19, los alimentos para fines médicos especiales (FSMP) pueden ser un salvavidas al aportar los nutrientes esenciales que necesitan para recuperarse y prosperar.

Los datos muestran que las intervenciones centradas en la nutrición son una estrategia de bajo riesgo y coste-eficaz que puede mejorar significativamente los resultados de los pacientes. El aporte de nutrición, en particular la nutrición enteral temprana administrada mediante sonda de alimentación en pacientes críticos y quirúrgicos, se ha reconocido como una medida eficaz para la seguridad del paciente[1].

Además del tratamiento, el cribado nutricional es también una herramienta importante que permite a los profesionales sanitarios identificar a los pacientes que corren riesgo de desnutrición relacionada con la enfermedad y que se beneficiarían de intervenciones nutricionales recomendadas médicamente.

Asimismo, las evaluaciones nutricionales integrales y los Programas de Mejora de la Calidad (QIP), que desarrollan, prueban y evalúan sistemáticamente los cambios en la práctica clínica, deben servir de base para los planes individualizados de cuidado y gestión nutricional.